Silencio de piedra sobre Ip y la sombra de Canfranc
La estación despierta memorias y, pronto, las losas del sendero toman la voz. La subida exige zancadas constantes, lectura de hitos y paciencia de relojero. Arriba, el agua inmóvil refleja un cielo que corre deprisa, y el bocadillo sabe a hogar fácil. Un murmullo de trueno aconseja bajar antes de la tormenta; el retorno, con olor a pino mojado, recuerda que el éxito reside en intuir el momento exacto de volver. El andén, después, parece un refugio civilizado.